Hay restaurantes que ya forman parte del imaginario gastronómico de una ciudad, y La Fonda de Mantequerías Pirenaicas es, sin duda, uno de ellos. Esta casa de comidas —hermana del icónico colmado— ha conquistado a media Barcelona con sus tortillas, convertidas ya en objeto de culto, y con una propuesta que reinterpreta el recetario tradicional catalán con mimo y producto. Conseguir mesa aquí no es tarea fácil. Tampoco lo es en su siguiente paso, el restaurante la Brasa de Pirenaicas, que mantiene el mismo espíritu y, en esta ocasión, funciona sin reservas. Pero ahora, por fin, ya no hay excusas: la Fonda llega a casa.
Su nuevo servicio de delivery, porque hasta la fecha lo tenían en marcha únicamente con su marca madre Mantequerías Pirenaicas, supone un movimiento natural —y muy esperado— que permite disfrutar de su cocina sin pelear por una reserva. Y lo hace, además, con un cuidado que disipa cualquier duda habitual sobre el “cómo llegará”. La respuesta es clara: llega bien. Muy bien. Packaging ecológico, sin plásticos, temperaturas impecables y, lo más importante, los sabores intactos. Ese “chup chup” que define su cocina también viaja.



En un panorama saturado de pizzas y hamburguesas a domicilio, la propuesta resulta casi revolucionaria: de repente, llaman a tu puerta platos como cap i pota, fideos a la cazuela o un reconfortante fricandó. Cocina de cuchara, de memoria y de paciencia, ahora en versión delivery sin perder identidad.
Los postres, como era de esperar, no fallan. Especial mención para la tarta de queso, probablemente el dulce que mejor viaja: presentada en un packaging que recuerda a un pequeño joyero de piel, guarda en su interior una crema suave, delicada, con base de galleta, que llega en perfecto estado. El flan, otro clásico de la casa, mantiene el nivel. A domicilio, la Fonda sigue cumpliendo.
No todo es perfecto, y hay platos que inevitablemente sufren más el trayecto. Es el caso del bikini, que pierde parte de su gracia fuera del momento inmediato en el que debería servirse. Un detalle menor dentro de una propuesta que, en conjunto, convence con creces.
Si hasta ahora no habías conseguido mesa, este nuevo formato borra cualquier excusa. La familia pirenaica abre sus puertas —también— en formato delivery, y lo hace con la misma esencia que la ha convertido en imprescindible.



