Hay planes que no deberían resolverse rápido. Una calçotada, desde luego, no es uno de esos formatos que se ventilan en una hora. Empieza con las manos manchadas de romesco, sigue con la brasa haciendo lo suyo y suele acabar bastante después de lo previsto, cuando en la mesa ya nadie lleva la cuenta de cuántos calçots han caído. En marzo, Traca recupera exactamente ese espíritu y lo planta en pleno centro de Barcelona, con jardín escondido incluido.
Cada sábado y domingo hasta el 29 de marzo, el restaurante del hotel ME Barcelona se apunta a una de las tradiciones más celebradas de la temporada con una calçotada urbana pensada para disfrutar sin mirar el reloj. A pocos pasos de Passeig de Gràcia y Plaça Catalunya, pero lejos del ruido, su patio interior se convierte en ese pequeño refugio donde el vermut entra bien, la brasa acompaña y la sobremesa se alarga con bastante facilidad.
Del vermut al último calçot
La experiencia arranca con un aperitivo que pone las cosas en su sitio desde el principio. Vermut Espinaler, guindillas en vinagre con aceitunas y patatas chips, croquetas, ensaladilla rusa y pan con tomate. A partir de ahí, entran en escena los protagonistas de la fiesta, unos calçots ilimitados servidos con romesco casero hecho en la propia casa, que es justo lo que uno quiere oír cuando llega la temporada.
Después llega la parte que confirma que una buena calçotada no termina en la salsa. Hay butifarra, pollo, churrasco y cansalada, acompañados de alcachofas, escalivada, patatas asadas con ajo y aceite y judías blancas salteadas con ajo y perejil. De postre, crema catalana con carquiñolis. Todo por 49 euros, con bebida incluida, ya sea vino a porrón, agua, cerveza o refresco. Traducido, aquí se viene a comer muy bien y a levantarse bastante más tarde de lo que uno pensaba.
Traca consigue algo poco habitual, que es ofrecer una calçotada en el centro de Barcelona sin que parezca que estás comiendo en medio del tráfico. Su patio interior tiene ese punto de oasis urbano que invita a bajar el ritmo, pedir otra ronda y dejar que la tarde vaya decidiendo por su cuenta. Además, la experiencia se acompaña con DJ en directo, así que la cosa tiene todos los ingredientes para acabar siendo más planazo que simple comida.



Entre la Traca y el Trueno
Y si el fin de semana no da tregua, no pasa nada. Más allá de la calçotada, el día a día en Traca también guarda unas cuantas recetas con gancho en un espacio grande, cómodo y pensado para quedarse. Hay sillones, mesas amplias y rincones más reservados que hacen que todo resulte fácil. El mix funciona especialmente bien, tapas con carácter, producto de temporada y un jardín en pleno centro de Barcelona. Aquí se viene a comer, a compartir y a pasarlo bien.
Al frente de la cocina están Adrián Jimeno y Miquel Sardà, dos chefs ejecutivos que iniciaron su historia hace más de una década en Mugaritz. Tras reencontrarse en Barcelona y sumar experiencias propias, incluida una etapa en Dubái, decidieron unir fuerzas para dar forma a una propuesta donde el fuego marca el ritmo y la cocina se expresa de manera directa, con guiños a distintas gastronomías del mundo.
En la carta aparecen platos como el matrimonio de anchoa de Santoña y aguacate, el pepito de ternera Josep Lluís con un huevo que estalla al apretar los dos panes o el rabo de ternera ‘sense feina’ con patatas paja. También están los macarrones boloñesa de Can Pujol al gratén o las aceitunas marinadas en casa, que ayudan a entender rápido por qué este sitio tiene tanto tirón.
Y luego está Trueno, la parte más afinada del proyecto, con propuestas como el taco de gamba con mayonesa de wasabi, el ceviche de corvina al estilo peruano, el ya mítico sando de atún rojo, que puede pedirse con suplemento de caviar, o tres arroces para rematar la jugada: senyoret, bogavante y negro. Traca enciende la mecha y Trueno remata el espectáculo.






