Pocos rooftops de Barcelona pueden decir que cuentan con Grup Confiteria detrás de la barra. Bonavista, en la planta alta de Moxy Barcelona, juega precisamente esa carta con bastante soltura: vistas abiertas sobre la ciudad y Montjuïc, una estética pop diseñada por Pichiglas Studio y una manera de entender el tardeo que se aleja de la postal turística para conectar con una Barcelona más joven, creativa y con ganas de alargar la noche.
El espacio acaba de inaugurar temporada con una fiesta junto a Milkshake, una de las plataformas más reconocibles del circuito nocturno local. Bajo el concepto Debí Tirar Más Fotos, y en la antesala de los conciertos de Bad Bunny en la ciudad, el rooftop se llenó de reggaetón, hip hop, afrobeats, cámaras desechables, fotomatón y esa clase de energía que empieza con una copa a media tarde y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha cambiado completamente de escala.
La noche como lugar de encuentro
Bonavista no aspira a ser un refugio neutro donde subir a mirar Barcelona desde arriba con una copa correcta y una lista de música impersonal. Su código es otro. Aquí aparecen profesionales de la cultura, gente de moda, creativos, músicos, periodistas y esa fauna urbana que todavía cree que una cámara analógica no es una herramienta, sino un statement. No por nostalgia, sino porque el carrete obliga a elegir, a esperar y a aceptar que no todo puede repetirse veinte veces hasta encontrar el ángulo perfecto.
El público que se ha ido instalando en Bonavista responde a esa lógica. Es un lugar de primeras citas, de reencuentros después de una inauguración, de equipos que se citan tras salir de la oficina y de grupos que quieren empezar la noche sin necesidad de encerrarse en un club a las seis de la tarde. La atmósfera tiene algo desenfadado, pero no improvisado. Más bien esa irreverencia bien vestida que Barcelona sabe manejar cuando decide que quiere divertirse sin pedir permiso.

Un rooftop con barra propia
La llegada de Grup Confiteria al proyecto marca una diferencia importante. El grupo ha construido algunos de los bares con más carácter de la ciudad y sabe que una buena copa no consiste solo en acertar con la receta. También importan el contexto, la luz, la música, el ritmo de la sala y la sensación de que, en algún momento, la noche puede torcerse para bien. Bonavista traslada esa mirada a un rooftop de hotel sin caer en el manual previsible de lujo encapsulado.
La carta acompaña con cócteles pensados para el momento y una propuesta gastronómica que permite alargar la visita sin convertirla en una cena formal. Todo está dispuesto para que el plan funcione tanto con un aperitivo ligero como con una sobremesa que se estira hasta que las luces de Barcelona empiezan a imponerse al atardecer.
Moxy Barcelona, primer hotel de la marca en España, ha entendido además que un hotel ya no puede limitarse a alojar visitantes. Tiene que formar parte de la conversación de la ciudad. Bonavista funciona porque no parece una sala de espera elevada ni un decorado para huéspedes de paso. Es un punto de encuentro que mira hacia fuera, con una programación musical y una energía social que lo colocan más cerca de una fiesta bien pensada que de un rooftop de manua




