El aceite de oliva virgen extra tiene algo de alquimia. Un buen chorro transforma un plato, redondea un guiso, levanta una ensalada y, si se pone serio, incluso puede convertirse en protagonista. Eso es exactamente lo que ocurrió en el restaurante Bancal, donde los siete productores de Grandes Pagos de Olivar presentaron la nueva cosecha 2025/2026 con un menú maridado diseñado por el chef Miguel F. Vidal.
La idea era sencilla y ambiciosa al mismo tiempo: siete AOVEs, siete platos y un recorrido gastronómico que atravesara el mapa del olivar español. Desde Extremadura hasta Mallorca, pasando por Navarra, Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana. Un viaje líquido que demostraba hasta qué punto el aceite también tiene paisaje, carácter y acento.
En origen en un pago
Porque si algo une a las siete casas que forman Grandes Pagos de Olivar es precisamente eso: el origen. Cada aceite nace en un Pago, un terruño delimitado donde los olivos se cultivan bajo un control minucioso. Una filosofía que recuerda mucho al concepto de château en el mundo del vino, pero trasladado al olivar.
El chef Miguel F. Vidal asumió el reto de construir un menú donde el aceite no fuera un simple acompañante. Cada plato debía dialogar con su AOVE sin eclipsarlo. O, dicho de otra manera, siete pases con aceite en todos ellos sin que el comensal sintiera que estaba comiendo lo mismo siete veces.
El recorrido empezó con algo tan aparentemente sencillo como pan, agua de tomate y el Marqués de Valdueza Coupage. Un primer bocado que ya dejaba claro de qué iba la cosa: equilibrio, potencia aromática y ese juego entre picor y amargor que define a los grandes aceites.



Después llegaron los agnolotti de queso del Cebreiro con almendra tierna y lima junto al Aubocassa, una arbequina mallorquina que aportó luminosidad y suavidad al plato. La coliflor en texturas con caviar encontró su pareja en Abbae de Queiles, un aceite delicado y fragante que encajó con naturalidad.
La lubina Aquanaria a la brasa apareció con Masía El Altet High Quality, un AOVE verde intenso elaborado con cinco variedades autóctonas de Alicante. Y el pulpo á feira se dejó acompañar por Castillo de Canena Reserva Familiar Picual, uno de esos aceites que entran con carácter y salen con elegancia.
Potencia aumentada
En el tramo final llegó la presa de vaca gallega con setas junto a Marqués de Griñón Oleum Artis, intenso y aromático, lleno de notas de hierba recién cortada y manzana verde. Y como cierre, un chocolate ahumado con caramelo salado maridado con Casas de Hualdo Reserva de Familia, un blend complejo con recuerdos de manzana, tomate y paisaje mediterráneo.
Siete aceites, siete personalidades y un mismo hilo conductor: demostrar que el AOVE no es solo un ingrediente. También puede ser un discurso gastronómico. Porque detrás de Grandes Pagos de Olivar hay siete productores que llevan más de veinte años defendiendo la misma idea: que el aceite de oliva virgen extra puede aspirar a la misma cultura de origen, precisión y excelencia que el vino.
Y cuando eso ocurre, el resultado no es solo un buen plato. Es un territorio servido en la mesa.






