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La vuelta de la comida marrón

by Anna Torrents / Friday, 01 May 2026 / Published in Barcelona, Noticias, Portada

Barcelona vuelve a mirar sus bodegas con otros ojos. Y no por nostalgia, sino porque empieza a quedar claro que ahí había algo que nunca tendría que haberse perdido. Platos de fondo, guisos, bocadillos, bravas, tortillas con sustancia y esa comida marrón que durante años pareció poco fotogénica, pero que sigue siendo una de las formas más serias de felicidad.

En el Putxet, Bodega Josefa vuelve a abrir puertas con esa mezcla tan difícil de conseguir: sitio informal, alma de barrio y cocina de tradición. Aquí puedes ver un partido del Barça, seguir un torneo de tenis o quedar sin demasiada ceremonia. En otros locales parecidos, quizá no esperarías mucho del plato; aquí, en cambio, una tortilla de patatas con cap i pota puede darte ganas de llorar de emoción.

La mirada de Oriol Lagé

La cocina la firma Oriol Lagé, que vuelve con fuerza a la ciudad después de una trayectoria poco lineal y bastante interesante. Cambió la psicología por los fogones, fundó Ot Restaurant, uno de los primeros bistronómicos de Barcelona, y, tras pasar por el marketing y asesorar distintos proyectos gastronómicos, regresa ahora a primera línea con una idea clara: reivindicar la taberna sin convertirla en museo.

Y esa intención se nota en una carta que va directa a lo que apetece, sin perder ese espíritu de bodega que se defiende en sala. Hay tortilla de patatas y cebolla con cap i pota, fricandó de morro de cerdo (con ese morro visible y desafiante), chicharrón de Cádiz, anchoas con tomate y unas bravas con alioli de ajo con cierto eco de las del Tomás. También bocadillos con carácter, como la Butirguesa o la Hamburguesa Josefa, que rinde tributo a Jordi “La Pepeta”, el alma histórica del local.

El placer de lo reconocible

Lo mejor de Bodega Josefa es que no parece querer demostrar nada. Recupera platos que ya estaban en la memoria colectiva y los trabaja con producto, oficio y un punto de intención. Esa es la gracia. No hay que elegir entre informalidad y calidad. Puedes comer de maravilla en un espacio relajado, con una copa de vino, una pantalla de fondo y la sensación de estar en un sitio con vida.

Y ahí la sala también tiene mucho que decir. Al frente está Santi Olivella, con más de 25 años de experiencia y una trayectoria muy ligada al vino en Barcelona. Su carta acompaña sin ponerse intensa, con referencias que entran y salen y permiten descubrir pequeñas joyas sin convertir la elección en una clase magistral. La bodega vuelve a ser bodega también en eso: beber bien, comer mejor y quedarse un rato más de lo previsto.

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