Hay familias en Minneapolis que han dejado de hacer algo tan básico como salir de casa. No por pereza, ni por el frío del invierno de Minnesota, sino por miedo. Miedo a ser arrestados. Miedo a una redada inesperada. Miedo, en última instancia, a una deportación que rompa una familia de un día para otro.
Ese clima de temor no es una percepción abstracta. Desde finales de 2025, la ciudad vive bajo la presión de la llamada Operation Metro Surge, un gran operativo migratorio que ha provocado miles de detenciones de inmigrantes en la zona. El resultado es una ciudad donde muchas familias han optado por el encierro como única forma de protección. Pero quedarse en casa también tiene consecuencias: cuando no se puede salir a comprar, la comida empieza a faltar.
Un chef en Minneapolis
Es en ese punto donde aparece Andrés Torres. El chef español, que tiene una estrella Michelin en su restaurante Casa Nova de Sant Martí Sarroca, pasó recientemente una semana en Minneapolis para proporcionar ayuda alimentaria a familias migrantes afectadas por los operativos de la agencia estadounidense Immigration and Customs Enforcement, conocida como ICE.
Torres no llegó allí como cocinero invitado ni como protagonista de un evento gastronómico. Llegó como fundador de Global Humanitaria, la ONG que creó hace más de treinta años y que trabaja en distintos países del mundo en proyectos sociales y alimentarios. Lo que encontró al llegar fue una ciudad atravesada por el miedo.
“La experiencia fue muy dura”, explica el chef. “Lo primero que vi fueron calles vacías, un frío intenso y miedo por todas partes. La noticia ha desaparecido porque otras historias han ocupado su lugar, pero las cosas siguen ocurriendo. Hay mucho miedo y la gente evita salir a la calle. Lo que veo es necesidad y hambre.”
Distribución de alimentos
Durante su estancia, Torres y un grupo de 25 voluntarios organizaron dos acciones humanitarias. La primera fue la distribución de cajas de alimentos directamente en los hogares. Preparaban lotes con fruta, carne, leche y otros productos básicos, que dejaban en la puerta de las viviendas para que las familias pudieran recogerlos con seguridad sin tener que exponerse.
“Lo que muchas personas describen es que ahora los agentes operan de civil”, cuenta Torres. “Las familias nos dicen que todavía hay cientos de agentes en las calles. Una de las tácticas que describen es que los agentes fingen tener problemas con el coche. Abren el capó como si el motor se hubiera averiado y cuando alguien del barrio sale a ayudar aparecen otros vehículos y entonces se produce la redada.”


Una cena clandestina
La segunda iniciativa organizada durante esa semana tuvo un formato muy distinto. Torres preparó una cena benéfica clandestina para cincuenta invitados, alrededor del 80 % estadounidenses. Muchas de estas personas colaboran discretamente con las familias migrantes y prefieren mantenerse en el anonimato para evitar represalias.
La cena incluyó un menú degustación pensado para explicar lo que está ocurriendo en la ciudad, generar apoyo y agradecer a quienes siguen ayudando cuando el foco mediático ya se ha desplazado hacia otras historias.
En el caso de Andrés Torres, la cocina siempre ha estado ligada a algo más que al restaurante. Antes de dedicarse profesionalmente a los fogones fue corresponsal de guerra y cubrió conflictos en países como Irak, Siria o Colombia. Aquella experiencia terminó llevándolo a fundar Global Humanitaria y a dedicar buena parte de su vida a proyectos de ayuda internacional.



