Dos semanas después de terminar la Guerra Civil, Franco exigió un banquete de celebración en el Hotel Palace de Madrid, que entonces funcionaba como hospital de campaña. No había brigada, los cocineros estaban en prisión y, aun así, el servicio tenía que salir. “En la película La cena hay una pareja joven: él es camarero, ella es cantante de la orquesta. Él es un poco torpe. Tanto, que cuando va a servir vino a Franco, aunque éste tapa la copa, él le moja toda la mano”, explicó Víctor Manuel, compositor de Y mientras tanto, canto, al hablar de una de las películas más foodies de este año en los Goya.
Lo contó durante un encuentro patrocinado por Maestro Dobel Tequila junto a los nominados al Goya a Mejor Canción Original: una cita abierta al público para hablar del oficio y de lo que se escribe cuando una canción no nace para sonar bonita, sino para sostener una historia.
Componer para uno o para los demás
Leiva, ante la pregunta sobre componer para uno mismo o para una película, defendió esa libertad inesperada de estar al servicio de otra historia: “Componer para otro es más fácil porque el juez o la autocensura que tú tienes para lo tuyo no existe, ¿no? Tú estás al servicio de otra historia y, curiosamente, eres más libre”, y añadió una reflexión sobre la orfebrería de las canciones. “Siento que es un ejercicio de mucha intimidad y un campo de minas. Hay muchos riesgos. La composición es como cuando te vas de casa y se te han perdido las llaves y no las encuentras por ningún lado. Estás buscando algo que no encuentras y sabes que está en la habitación, pero no lo encuentras”.

Alba Flores, por su parte, habló del regreso al mundo de la música, con Sílvia Pérez Cruz como apoyo y guía, desde un lugar profundamente personal: “La primera vez que nos conocimos, de lo primero que le hablé fue de que yo tengo muchos problemas con cantar por mi padre. Para mí, Sílvia ha sido un referente y una amiga, una compañera que me ha ido ayudando a ir explorándome”.
Y Blanca Paloma, junto a Luis Ivars y José Pablo Polo, puso el foco en la intención de cantar por el personaje, de prestar una voz a quien no sabe expresar lo que siente: “Si me ha tocado tener esta voz, pues quiero utilizarla para poder, o para intentar, acariciar los corazones. Y si el personaje para el que está compuesta esta canción no podía expresar sus sentimientos, por lo menos que fueran estas palabras, estas melodías, las que pudieran, de alguna manera, salir de su ser y poder contar la otra cara que no estaba mostrando”.
Paloma Peñarrubia Ruiz, por su parte, estaba también presente en el escenario por su participación en la banda sonora de Caigan las rosas blancas.
Un encuentro con tequila de fondo
El patrocinio de Maestro Dobel Tequila sumó una capa muy de cine a la narrativa del encuentro: la idea de autor. Como una película que se sostiene en el oficio, aquí la maestría se celebraba en dos idiomas que se entienden sin subtítulos; el musical y el artesanal.
Fundado en 2003 por Juan Domingo Beckmann Legorreta (Juan Dobel), tequilero de undécima generación, Maestro Dobel fue pionero al crear el primer tequila Cristalino del mundo. Un gesto casi cinematográfico: tomar un clásico, pulirlo, depurarlo y dejar que la luz haga el resto. Con más de 250 años de legado familiar, la marca se ha consolidado como referencia del tequila premium y ultra-premium, reforzando su presencia en un territorio donde cultura y pantalla comparten escena.




