Entre los muros centenarios de la Abadía de Fossanova, donde el tiempo parece haberse detenido entre sombras de piedra y susurros de historia, tuvo lugar del 6 al 8 de junio la cuarta edición de Vini d’Abbazia. Más de 4.000 visitantes cruzaron sus puertas, guiados por el deseo de descubrir vinos con alma, elaborados a la sombra de monasterios y abadías.
Este evento, que se celebra en Priverno (Lazio), es mucho más que una feria vinícola: es un homenaje vivo a la tradición monástica y a la memoria líquida que los siglos han conservado. Más de 30 bodegas con raíces en espacios religiosos participaron en esta edición, incluyendo la red francesa Les Vins d’Abbayes y el Monasterio de Alaverdi (Georgia), joya del cristianismo ortodoxo.
Catas entre columnas y plegarias
Las catas, celebradas en el claustro medieval, ofrecieron una experiencia sensorial y espiritual: cada sorbo, un eco de silencio, de tierra, de tiempo. Alrededor, el Food & Wine Village y la música en vivo ofrecían un contrapunto festivo a la contemplación.
Las masterclasses temáticas, celebradas en el refectorio restaurado de la abadía, fueron una de las grandes joyas del evento. Guiadas por voces expertas del mundo del vino y la cultura, ahondaron en el diálogo entre tradición y modernidad, entre el terroir espiritual y la sensibilidad contemporánea.


Vino como herramienta de identidad regional
Vini d’Abbazia forma parte del programa “Le Vie del Giubileo”, una iniciativa de la Regione Lazio y ARSIAL, que busca revitalizar los espacios de espiritualidad a través del turismo cultural y enogastronómico. En palabras de Giovanni Acampora, presidente de la Cámara de Comercio de Frosinone-Latina, “Vini d’Abbazia es un ejemplo concreto de cómo la tradición puede dialogar con la innovación para generar valor territorial”.
El evento también es una declaración de intenciones: el vino como narrativa, como memoria compartida, como catalizador de identidad. “El patrimonio vinícola del Lazio es milenario”, recordó Massimiliano Raffa, presidente de ARSIAL, “y hoy mira hacia la sostenibilidad, la calidad y la valorización de las variedades autóctonas”.


Laberinto, un vino con alma de abadía
Entre las etiquetas que captaron la atención del público se encontraba Laberinto, un vino singular creado por la familia Capitelli. Este tinto complejo y envolvente, inspirado en antiguos métodos de vinificación monástica, rinde homenaje al proceso lento, casi meditativo, de crear algo perdurable.
Elaborado con uvas seleccionadas a mano y envejecido en ánforas de terracota, Laberinto representa la búsqueda del equilibrio entre lo terrenal y lo espiritual, entre lo tangible y lo intangible. Como su nombre indica, invita a perderse y encontrarse, como en una peregrinación sensorial por un laberinto de viñedos.
Fossanova: donde el vino es plegaria
Bajo los arcos cistercienses de Fossanova, donde Santo Tomás de Aquino vivió sus últimos días, el vino se volvió puente entre pasado y futuro, entre lo local y lo universal. Vini d’Abbazia no solo celebra la excelencia enológica, sino que transforma el acto de catar en un gesto de contemplación cultural.
Porque hay vinos que se beben y vinos que se escuchan. Y Fossanova, con su belleza intacta, supo amplificar cada nota de ese canto silencioso que brota, siglo tras siglo, de lo más profundo de la tierra.





