Cada año vuelve y cada año da alegría, como esos planes de invierno que ya forman parte del mapa sentimental de la ciudad. The One Barcelona fue de los primeros en convertir la fondue en un formato serio, con sentido, con estructura y con ese punto de refugio que Barcelona agradece cuando baja la luz. Y por eso, cuando llega la Mood Swiss Fondue Experience, no hay mucho debate. Se va. Porque siempre puedes confiar en Quesos de Suiza y porque, además, el chef Miguel Muñoz nunca se limita a repetir la jugada: cada edición trae una novedad que hace que el ritual tenga pulso.
Y es justo ahí donde la experiencia se hace grande, en esa mezcla de constancia y sorpresa bien medida. Hasta el 31 de marzo, el Mood Rooftop Bar acoge la séptima edición. Séptima: ahí ya hay algo. Hay continuidad, hay público fiel, hay gente que lo espera como quien espera la primera noche de abrigo bueno. El Mood, en la última planta del hotel, se transforma otra vez en ese refugio cálido donde el invierno se lleva con cuchara, copa y conversación. Dentro o en terraza, con Barcelona abajo y los Alpes en la mesa.
Fondues con historia y con juego
La carta vuelve a jugar con el equilibrio que hace que este formato funcione: autenticidad sin aspavientos, clásicos que no fallan y un par de giros nuevos. En fondues, aparecen las de siempre y las que ya son “de la casa”: la Moitié-moitié de Le Gruyère AOP, la Fondue Vacherin Fribourgeois AOP, la de trufa fresca melanosporum, la de tomate. Y este año, un guiño local que se vuelve protagonista: la fondue al cava con Le Gruyère AOP, Vacherin y Tête de Moine, también disponible sin cava, para que el juego sea opcional pero el fondo sea suizo.

Y ahí entran las novedades que te sacan una sonrisa. El bikini hispano-suizo de cecina y Le Gruyère AOP es exactamente lo que parece, pero mejor: un choque de mundos que encaja con una naturalidad insultante, León y Suiza en un bocado que no necesita justificar nada. Y si hay un plato que resume el espíritu de este año, es el rösti: vuelve, sí, pero vuelve afinado, con la trufa marcando el paso y dándole a la patata ese punto de invierno elegante que se queda en la memoria.
Más Suiza, más allá del queso fundido
La experiencia no se queda en la fondue. Durante estos meses, la carta del Mood se enriquece con un repertorio helvético que va más allá del queso: sopa de cebolla con queso Vacherin gratinado, Nüsslisalat, vitello tonnato con queso Sbrinz y una tabla de cecina, Tête de Moine AOP y paté de montaña con pan de centeno y nueces.
En principales, salmón con polenta Ticinese y aceite de hierbas aromáticas, solomillo de cerdo ibérico con salsa de colmenillas al estilo Betty Bossi y entrecot de vaca ecológica al carbón con mantequilla de hierbas de montaña. Y los Malakoff, esos buñuelos de queso que son el tipo de pecado que se perdona solo.
El cierre también se pone serio contra el frío: strudel de manzana y pasas con helado de vainilla, fondue de chocolate 70% con frutas, madalenas y nubes, tarta Nusstorte de nueces caramelizadas y la magnífica mousse de Toblerone. Y este año entra un nuevo postre de temporada, pan de jengibre. Y es que la Mood Swiss Fondue Experience no es una idea bonita. Es un clásico contemporáneo. Un plan que se ha ganado el hueco a base de repetir lo difícil: hacerlo bien, cada año.



