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Vila Viniteca: dos paladares, un veredicto

by Anna Torrents / Friday, 06 February 2026 / Published in Artículo, Barcelona, Noticias, Portada, Uncategorized

Barcelona tiene una forma muy suya de convertir el vino en un duelo elegante. El domingo 22 de febrero, la Casa Llotja de Mar volverá a ser ese lugar donde la intuición se enfrenta al método y donde dos personas, con una copa y un pacto, intentan descifrar un secreto. Llega la 18ª edición del Premio Vila Viniteca de Cata por Parejas con 125 dúos inscritos y 50.000 euros en premios.

Las inscripciones se cerraron en 2,54 minutos. No pasa por casualidad. Pasa cuando un concurso se ha ganado el respeto de aficionados y profesionales, cuando la dificultad no se disimula y cuando el premio es, también, un imán. La pareja ganadora se llevará 35.000 euros, la segunda 10.000 y la tercera 5.000.

Un cartel que piensa en círculos

La edición 2026 llega con una imagen a la altura. El cartel es obra de Verónica Fuerte, fundadora y directora creativa de Hey Studio (Barcelona). Su propuesta parte de una idea tan sencilla como certera: el vino no cabe en la clásica dualidad entre blanco y tinto. Círculos que se superponen, se rozan y se tensan, como si el propio certamen se hubiera convertido en un racimo en competencia. Dos voces, una decisión.

En la mesa del jurado, nombres que pesan y miradas entrenadas. Repite la sumiller argentina Paz Levinson, Wine Director del grupo Anne-Sophie Pic en Francia, junto a Jordi Segura, Xandra Falcó, José Peñín y Juan Muñoz, con Fernando Gurucharri como presidente. Y como invitado de esta edición, Enrico Bernardo, Mejor Sumiller del Mundo en 2004. Si alguien busca una pista sobre el nivel, está aquí.

Cómo se gana una cata a ciegas

La mecánica se explica en una frase y se sufre durante horas. Las parejas deben catar a ciegas y, de forma consensuada, descifrar hasta 7 vinos en la fase clasificatoria y otros 7 en la fase final, a la que solo acceden las diez mejores. La selección de referencias está supervisada minuciosamente por Quim Vila, y desvelarlas, una a una, es el objetivo que sostiene el pulso durante todo el domingo.

Aquí el consenso no es un gesto amable, es la norma. De cada vino, la pareja debe descubrir el país (1 punto), la zona de origen (1 punto), la Denominación de Origen (2 puntos), las variedades de uva (3 puntos), la añada (3 puntos), el elaborador (3 puntos) y la marca (2 puntos). En caso de empate, decide el comentario de cata. Traducido: no basta con intuir, hay que argumentar con calma.

Lo que pasa alrededor también cuenta

Mientras dentro se mide el silencio, fuera el día también tiene su propio latido. Quim Vila y Siscu Martí, propietarios de Vila Viniteca y artífices del premio, organizan en paralelo un showroom con más de 30 bodegas, al que cada año acuden alrededor de mil personas entre aficionados, profesionales y acompañantes. Al mediodía, un buffet de quesos de Ardai pone el punto hedonista a una jornada que, aun siendo competición, no renuncia al placer.

El premio reúne catadores de 10 países, España, Francia, Reino Unido, Luxemburgo, Bélgica, Dinamarca, China, Estados Unidos, Austria y Suiza. Muchos se preparan durante meses para aspirar a ganar una competición que está considerada entre las más prestigiosas por el altísimo nivel de dificultad de la cata a ciegas y por la calidad de los vinos presentados. Además, el certamen se celebra de forma alterna un año en Madrid y otro en Barcelona, y tiene lugar ante notario, que da fe del cumplimiento y del rigor de las bases.

La finca de Ca N’Estruc alberga un almacén de Vila Viniteca.

Cifras que explican el mito

En la pasada edición se utilizaron más de 6.000 copas Riedel, se abrieron 277 botellas y el público asistente alcanzó las 1.500 personas. Se degustaron 370 kg de quesos de más de 95 variedades, procedentes de 42 queserías seleccionadas por Ardai, y se cataron vinos de 48 bodegas. Una jornada que combina método, nervio y celebración.

Al final, ese es el encanto del Premio Vila Viniteca de Cata por Parejas. Dos paladares buscando un veredicto común, como si el vino pidiera algo más que conocimiento. Pidiera escucha, memoria, intuición y la rara capacidad de ponerse de acuerdo justo cuando todo invita a dudar.

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