El Barrio Gótico ya tiene suficientes iglesias, piedras viejas y selfies con gárgolas. Lo que le faltaba era un restaurante que se atreviera a ponerlo todo en minúsculas. a Restaurant, dentro del Hotel Neri Relais & Châteaux, lo hace con descaro: baja la mayúscula del postureo y se planta con una cocina honesta, potente y sin gritos, pero con mucha personalidad.
El hotel, por cierto, es otro cantar. Fue el primer boutique del Gótico, es miembro de Relais & Châteaux (el único en Barcelona, ojo) y forma parte de la familia Anima Hotels. Veintidós habitaciones, una biblioteca que parece pensada para hacerse fotos con whisky en mano y una azotea llamada Roba Estesa que lo mismo te regala vistas de tejados con ropa tendida que una piscina donde el agua se confunde con el cielo.
La cocina de guiard
Pero volvamos a lo que importa: el estómago. El chef Alain Guiard manda aquí, y lo hace con la calma de quien sabe que un buen producto habla mejor que cualquier adjetivo. Su cocina es directa, sencilla y con fondo. Nada de fuegos artificiales: un tomate sabe a tomate, un pescado sabe a mar y tú te vas con la sensación de haber comido de verdad. Guiard lo llama respeto al producto, pero se podría traducir como “menos tonterías y más sabor”.
El ambiente acompaña. El restaurante es íntimo, discreto, acogedor, pero vivo. Una mesa aquí es una invitación a bajar el ritmo, a conversar sin mirar el reloj y a dejar que las copas se acumulen mientras fuera el Gótico sigue rugiendo con turistas. Dentro, en cambio, manda otra cadencia: la de los platos bien hechos, la de la sencillez convertida en lujo.



Y esa sencillez tiene nombres propios: la absolutamente imperdible fougasse con hierbas provenzales y pesto de tomate, la croqueta de bacalao ahumado, los puerros escalivados con cecina de buey DOP y yema trufada, las gyozas de rabo de buey glaseadas con ramen de cocido y garbanzos o el arroz cremoso de verduras con mayonesa de ajos asados. Platos que suenan familiares pero que, al probarlos, confirman que aquí lo cotidiano sabe distinto: más intenso, más auténtico, más Gótico.
Espacios por descubrir
Lo mejor es que el Neri no se acaba en la mesa. Tiene espacios que parecen sacados de un catálogo surrealista: La Boa, esa instalación de los hermanos Campana hecha con 90 metros de terciopelo anudado, que más que una obra de arte parece un dragón dormido; o La Biblioteca, un rincón donde apetece escribir un manifiesto o, al menos, pedir otro cóctel.
Así es el Neri: un hotel que se ha ganado el derecho a ser la voz del Gótico sin necesidad de gritar. Aquí todo se hace en minúsculas: el lujo, la cocina, la historia. Y tal vez por eso, porque no pretende impresionar a golpe de mayúsculas, se convierte en uno de esos sitios que se quedan grabados. Sales de allí pensando que el Gótico ya no suena a guitarras desafinadas ni a guías turísticos, sino a brasas, vino y sobremesas que no quieres que terminen nunca.



