La nueva edición de Krug in the Kitchen ha llegado a Barcelona de la mano de Paolo Casagrande y Lasarte. Una iniciativa que vuelve a poner sobre la mesa el papel del champagne en la alta gastronomía y la estrecha relación que históricamente ha mantenido con algunas de las mejores cocinas del mundo.
Hasta el próximo 20 de junio, Lasarte ofrece un menú efímero construido alrededor de este ingrediente. La zanahoria aparece de forma sutil a lo largo de toda la experiencia, conectando platos como las láminas de presa ibérica sobre cuajada de foie-gras y tarama de ostra, la sopa cremosa de zanahoria y ají amarillo con quisquillas, el risotto de remolacha, zanahoria y caviar Oscietra, el besugo asado con ragú de cañaíllas y berberechos o el lomo de corzo marinado con raíces a la trufa.

La propuesta tiene un precio de 345 euros por persona y puede completarse con distintas armonías de champagne diseñadas para acompañar el recorrido gastronómico.
Estos días, esa relación se traduce en una nueva edición de Krug in the Kitchen, una iniciativa que invita a chefs de todo el mundo a reinterpretar un mismo ingrediente desde su propia sensibilidad culinaria. En esta ocasión, el protagonista es la zanahoria.
Un ingrediente cotidiano, humilde y aparentemente sencillo que sirve como punto de partida para explorar texturas, matices y posibilidades creativas. Una idea que, en cierto modo, conecta con la propia filosofía de Krug, donde la complejidad nace precisamente de la suma de múltiples individualidades.
Krug, la grande maison del champagne
Durante años, el champagne ha vivido atrapado entre dos imágenes: la del lujo y la de la celebración. Sin embargo, algunos de los mejores cocineros y sumilleres del mundo llevan décadas defendiendo una tercera vía: la gastronómica.
Pocas maisons han trabajado esa relación con tanta intensidad como Krug. La histórica casa fundada por Joseph Krug en Reims en 1843 ha construido buena parte de su identidad alrededor de la mesa, entendiendo que el champagne alcanza una dimensión diferente cuando dialoga con la cocina.
Ellos nacieron de una idea que, para la época, resultaba casi revolucionaria. Joseph Krug soñaba con crear el mejor champagne posible cada año, independientemente de las condiciones climáticas de cada vendimia. Para lograrlo desarrolló un meticuloso sistema de ensamblaje basado en vinos procedentes de distintas parcelas y añadas, respetando la personalidad de cada uno de ellos. Más de 180 años después, esa búsqueda de complejidad, profundidad y consistencia sigue siendo uno de los pilares que definen el estilo Krug.
Las embajadas gastronómicas del champagne
Esa filosofía se materializa desde hace años a través de las Krug Ambassades, una red internacional formada por chefs, sumilleres y restaurantes que comparten una visión común de la excelencia gastronómica. Más que una selección de establecimientos, funcionan como una comunidad global donde el champagne y la cocina mantienen una conversación permanente.

Barcelona cuenta desde 2024 con una de estas embajadas. Se trata de Lasarte, el tres estrellas Michelin liderado por Paolo Casagrande bajo la dirección gastronómica de Martín Berasategui. Un restaurante que ha construido una personalidad propia basada en la precisión técnica, el respeto por el producto y una elegancia serena que huye de artificios.

Sin embargo, lo más interesante de la iniciativa probablemente no sea el menú en sí. Lo relevante es observar cómo algunas de las mejores mesas del mundo siguen reivindicando el papel del champagne dentro de la gastronomía contemporánea. No únicamente como símbolo de celebración o lujo, sino como un vino capaz de acompañar una comida completa y dialogar con cocinas complejas y profundamente personales.
Las Krug Ambassades son un buen reflejo de esa evolución. Un mismo ingrediente sirve de punto de partida para que chefs de distintos países, culturas y estilos construyan interpretaciones completamente diferentes, reflejando la personalidad de cada restaurante y de cada territorio.
En un momento en el que la alta cocina busca constantemente nuevas formas de expresión, iniciativas como Krug in the Kitchen recuerdan que algunas de las conversaciones más interesantes siguen produciéndose alrededor de una mesa. Y que el champagne, lejos de limitarse al brindis, hace tiempo que encontró en ella su lugar.



