Hay espacios que tienen algo especial. Que cambian con la luz. El Tribut es uno de ellos: de día es luminoso, mediterráneo, casi veraniego, con el mar al fondo y un aire tranquilo que invita a alargar sobremesas. De noche, todo se vuelve más íntimo: luces cálidas y una atmósfera que convierte cualquier cena en una cita. A eso se suma un equipo cercano, atento sin ser intrusivo, y una carta que habla con acento catalán, pero no teme salirse del guion. Sabores con raíces, pero también con carácter. Una cocina viva, que se adapta, observa y propone.
En este contexto, y en plena celebración del Any Gaudí 2026, El Tribut lanza “Gaudir”, una serie de sugerencias gastronómicas que homenajean al genio del modernismo a través de sus gustos personales, su vínculo con la naturaleza y esa capacidad suya de mirar lo de siempre como si fuera nuevo.


El modernismo también lleva romesco
Desde enero, se incorporan a la carta algunos platos de edición limitada como el ajoblanco con gamba roja y cítricos, un fricandó vegano con picada catalana o un arroz seco de bacalao con calçots a la brasa y romesco. Y para rematar, una torrija de focaccia con crema catalana quemada, crumble de almendra y sorbete de mandarina con vermut de Reus. Sabores que Gaudí probablemente habría aplaudido, por su raíz y por su osadía.
Y esto no ha hecho más que empezar: la propuesta irá evolucionando con las estaciones, igual que el propio restaurante, que se transforma con la luz del día, con el ritmo del puerto, con la energía de quienes lo habitan. Hay algo en sus paredes, en sus formas ondulantes, que recuerda a La Pedrera, y algo en su atmósfera que te hace sentir en casa. Porque la arquitectura emociona, sí, pero si viene acompañada de buen pan y mejores guisos… emociona el doble.



