Hay aniversarios que se celebran con tarta y velas, y otros que se celebran con ceviche, brasa y mariscos frescos mirándote de frente desde una vitrina. Yakumanka, el restaurante barcelonés de Gastón Acurio, acaba de soplar ocho velas y, más que una cena especial, lo que ocurrió fue un recordatorio de algo mayor: que la cocina peruana conquistó el mundo porque se abrió como el mar, sin fronteras, conectando puertos, sabores y personas.
Acurio no solo es un chef; es casi un cartógrafo de océanos gastronómicos. Desde Lima hasta Barcelona, Miami, Dubái o Doha, sus restaurantes han trazado una constelación en la que todo gira alrededor de la misma idea: la autenticidad peruana puede hablar todos los idiomas y caber en todas las mesas. Yakumanka, que significa “olla de agua” en quechua, es aquí el epicentro mediterráneo de ese universo: ocho años después sigue siendo el lugar al que acudes para sentir Perú sin salir del Eixample.
Un cuatro manos de gran nivel
La reciente visita de Diego Oka, chef ejecutivo de La Mar en Miami, no fue solo un espectáculo culinario. Fue casi un gesto simbólico: los distintos eslabones del universo Acurio se miran entre sí como islas de un mismo archipiélago. Todos miran al mismo mar, aunque cocinen desde diferentes costas. En Barcelona, ese mar lo interpreta cada día Tomás de la Paz, chef residente de Yakumanka, que en esta ocasión unió fuerzas con Oka para firmar un menú irrepetible a cuatro manos.



Desde las almejas a la chalaca y la causita del Pacífico hasta los piquéos calientes como las vieiras al estilo Oka o la cigala norteña, cada bocado viajaba del Mediterráneo al Pacífico con naturalidad. Hubo espacio para clásicos reinventados como el cebiche tibio o el tiradito nikkei, y platos principales que brillaron con fuerza: el rape nikkei con curry y golden chaufa y un solomillo con alma de bogavante que unía técnica y sabor marino. Para cerrar, postres tan sorprendentes como un helado de espárrago con miel de vinagre balsámico y una mousse de chocolate al 63% con lúcuma y sal de Maras.
Celebración comunitaria
En ocho años, Yakumanka ha servido más de 250.000 platos y ha mantenido su espíritu festivo intacto: ceviches al momento, tiraditos que saben a verano eterno y un ambiente que recuerda que la comida es, ante todo, comunidad. Su aniversario no se trató solo de levantar copas, sino de confirmar que la visión de Gastón Acurio —poner a la gastronomía peruana en el escenario mundial— sigue viva, potente y celebrada.






