El chef de Cruix abre su proyecto más personal, donde vuelca sus raíces con alma, técnica y todo el sabor.
Tras consolidar Cruix, donde enamora a crítica y público por su cocina fresca y desenfadada, el chef Miquel Pardo abre Melós, restaurante en el que ahonda en su alma mediterránea.
Un nuevo restaurante que supone la evolución natural de su cocina; aquí más reflexiva, cercana y sentimental. “Melós es la materialización de mi amor a la profesión. Donde tratamos de dar lo mejor de nosotros, de agradar y hacer felices a los que nos visitan. Volviendo sobre la tradición, pero con una aproximación aún más exhaustiva para ofrecer un replanteamiento nuevo”, revela Pardo.
La experiencia de Melós comienza en la barra, situada junto a la entrada del restaurante, revestida de rojo y materiales nobles. Es el espacio dispuesto para ponerse en situación, disfrutar de una copa o aperitivo previo al menú, o simplemente dejarse llevar por el ambiente. Desde allí se accede a la luminosa sala principal, donde los tonos neutros, las maderas claras y el burdeos de las butacas facilitan el confort.
La luz, suave y envolvente, junto con la disposición de las mesas, genera una atmósfera relajada que invita a disfrutar de Melós sin prisas. Cada detalle, desde la vajilla artesanal hasta la textura de los tejidos, contribuye a la experiencia gastronómica.



La sala está dirigida por Lucía Navarro y Víctor Lerena, quienes interpretan la cocina del chef en clave de hospitalidad. Ambos encarnan un servicio atento y amable, que es el que acompaña a cada plato. También son responsables de la parte líquida, con una bodega seleccionada junto al chef que reúne vinos de pequeños productores y grandes etiquetas, además de grandes espumosos, vinos de Jerez y una cuidada propuesta por copas.
En la cocina, Miquel Pardo cuenta de nuevo con Juan Bambini, ex jefe de cocina en Cruix, que vuelve así a trabajar a su lado. Ambos comparten una misma filosofía, basada en la temporalidad y el respeto al producto, pero también en la precisión técnica.
El menú degustación propone un viaje por paisajes y sabores que transitan entre la tradición y la modernidad. Cada enunciado es un pequeño relato que entrelaza memoria y técnica, sensibilidad y producto.
El arranque es Llar i Serra, una evocación del campo mediterráneo a través del conejo y la manzanilla que conduce a la secuencia Territori, donde el paisaje catalán viste cada plato.


La codorniz en frío y en caliente juega con la vida y la madurez, mientras que la grífola de castanyer con crema de anguila ahumada y los tallarines de patata con frutos del mar muestran el vínculo constante entre litoral e interior que caracteriza la cocina de Miquel.
En preparaciones como la raya a la cazuela o el rodaballo con manitas, el chef sublima ingredientes sencillos a través de fondos, salsas y guisos afinados. La paella de cigalas y ortiguillas es un homenaje a sus raíces valencianas y un puente entre su pasado en Cruix y su presente.
Los postres prolongan también esa narrativa. La mandarina, fruta de su tierra, refrescante y ácida, da paso a la xufa, el mole y los fartons, un final que resume territorio, juego y memoria.
En definitiva, Melós representa la voz más auténtica de Miquel Pardo, una cocina de alma mediterránea, respetuosa con el producto, pero también con el tiempo. Un nuevo restaurante donde la técnica se funde con el sabor, la memoria se transforma en experiencia y la hospitalidad se convierte en parte esencial del menú.


