Hay algo que ocurre cuando te subes a un avión. De pronto, el tiempo se estira, los sabores cambian y el mundo se reduce al tamaño de una bandeja plegable. Durante años, eso ha significado resignarse a comidas correctas, funcionales, pensadas más para sobrevivir a la altitud que para emocionar. Pero a veces alguien decide tomárselo en serio. Esta vez, ese alguien es Nandu Jubany.
A partir del 1 de mayo de 2026, Singapore Airlines servirá en sus vuelos directos entre Barcelona y Singapur un menú diseñado por el chef catalán con estrella Michelin. Y no, no es un gesto simbólico ni una versión descafeinada de la cocina catalana. Es un intento bastante serio de meter el Mediterráneo dentro de un avión.
Una historia con recorrido
La noticia se presentó en el restaurante PUR de Barcelona y marca además un pequeño hito. Jubany se convierte en el primer chef catalán en diseñar menús para la aerolínea. Una manera elegante de celebrar los veinte años de Singapore Airlines en la ciudad y, de paso, demostrar que incluso a 10.000 metros de altura todavía se puede comer bien.
Durante la presentación, el chef, que ha trabajado junto a Ben Kuang, Catering Manager de Singapore Airlines, lo explicó con entusiasmo. “Es un honor para mí representar la comida catalana en Singapore Airlines. Mi objetivo es dar a conocer Cataluña, nuestros productos y nuestra cultura para que los pasajeros puedan conocer una Cataluña auténtica”. Jubany recordó también el vínculo que mantiene con Singapur desde hace más de una década, cuando abrió allí su restaurante FOC, una relación que hace que este proyecto tenga para él un significado especial.





Cuatro menús para contar Cataluña
Kevin Lee, director general de Singapore Airlines en España y Portugal, subrayó durante la presentación la importancia que la gastronomía tiene para la aerolínea y fue el encargado de presentar los cuatro menús exclusivos de Clase Business que se irán alternando a lo largo del año. También apuntó a una interesante fusión entre la cocina catalana y la singapurense, un diálogo gastronómico que encaja bien con una ruta que conecta dos culturas culinarias muy potentes.
Los menús estarán disponibles para los pasajeros que vuelen de Barcelona a Singapur entre mayo de 2026 y marzo de 2027, con propuestas que cambian según la estación. Primavera arranca con un canelón de calabacín relleno de cangrejo con salsa de ajo negro y un toque picante de Sriracha. El plato principal es un bacalao a la catalana con pasas, piñones tostados y pimiento rojo asado, seguido de un pastel de queso al horno con compota de frutos rojos.
En verano llega un suquet de rape con langostinos y patatas baby, acompañado de un delicado postre de melocotón mimético de viñedo. El otoño apuesta por una ensalada Olivier con ventresca de atún y un pollo asado a la catalana con manzanas, ciruelas y albaricoques, que se remata con un flan de vainilla con caramelo de whisky.
En invierno el protagonista es un fricandó de ternera con chantarelas y puré de patatas, acompañado de una clásica crema catalana con galleta de almendra.
El lujo de lo reconocible
Lo más interesante de esta colaboración es que no intenta convertirse en un espectáculo. No busca deslumbrar con técnicas imposibles ni vender una fantasía inflada a 10.000 metros. Hace algo bastante más inteligente: llevar a bordo platos que explican un lugar. Hay producto de proximidad, guisos tradicionales, verduras de temporada, pescado mediterráneo y recetas que forman parte del imaginario gastronómico catalán. Una cocina que no necesita disfrazarse para dejar huella.
Y ahí está, en realidad, la clave de todo. Durante mucho tiempo, comer en un avión fue asumir una especie de tregua gastronómica. No esperabas demasiado y, por tanto, tampoco había decepción. Pero propuestas como esta alteran un poco ese pacto de mínimos. Porque cuando un vuelo entre Barcelona y Singapur puede arrancar con un suquet o cerrar con un fricandó, el trayecto deja de ser solo un desplazamiento. Empieza a parecerse, aunque sea por un instante, a una forma de viajar mejor.



